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Este no es mi computador. Ni mi teclado, mucho menos la configuración del mismo -no se dónde están los paréntesis, por ejemplo-. Estoy, sin embargo, en mi ciudad, con mi familia, mi clima y mis lugares conocidos, pero con una carga que ha hecho que el azúcar se dispare y el odio hacia los seres vivos -o inanimados, que más da- crezca y crezca.
Debo terminar Aravco 5.
Como cruz en la época romana, he de cargar este trabajo y hacerlo con la cara llena de risa (acabo de descubrir dónde están los paréntesis) y, más importante que la risa, antes de la primera quincena de Enero. No me malentiendan. Me gusta mi trabajo. Pero Entre la parrillada, la cerveza (alguien dijo cerveza) y la familia, se hace muy difícil.
Además, escribo desde un computador prestado en La Prensa Austral, su diario magallánico, que me fue facilitado por tener blablá.
Acaba de abrirse el archivo InDesign. 415 errores, 2 vínculos perdidos y hambre como los rediablos.
Es hora de trabajar.
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